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lunes, 14 de abril de 2014

Nimah (13 de Abril. 2014)

    
“En Primavera, el chacal busca pareja. El tigre no nos come y ruge; busca pareja. En Primavera, los nidos se llenan de flores, los peces desaparecen; buscan pareja. Le sale una pluma al pájaro: roja; al cocodrilo, diente nuevo y otra cola, a lajirafa. Todo busca pareja.
En Primavera, Nimah quería un Orí” Alejandro Jodorowsky.


      Encontraron a la Primavera, finalmente. Enterrada parcialmente en un riachuelo, bajo una roca; atestada de pequeños rosarios en la espalda y en los brazos; temblorosa, mancillada. A duras penas llegó este año, arrastrada por cuerdas, reanimada artificialmente por despiadados curanderos; tarde, débil y congelada.

      Puede que en Primavera, todo busque pareja, pero nadie piensa en ella. La Primavera se queda sola, desgastada y cansada. Sólo yo, Nimah, la recuerdo y la busco, pero hoy no voy a llegar. Estoy tan lejos que no alcanzan los segundos para contar lo que me falta para llegar. Estoy en otra dimensión, mi Orí. Sólo tú me puedes sacar de aquí, sólo yo te puedo sacar de allá. Hoy no llegaré, cariño; espero que lo entiendas.

     Enmudecido como estoy, las serpientes se enroscan desesperadamente en mi cuerpo hasta impedirme moverme. No puedo ver, no puedo respirar, pero tampoco puedo morir. Me dedico a esperar el momento, a reanimar mis articulaciones, mis músculos, mi alma; todo pensándote. Círculos amarillos y círculos grises se pasean por el cielo y, milímetro a milímetro, me voy acercando. Ya puedo sentir las mordidas en la espalda y en los brazos, el frío en los huesos, debe ser este río congelado que me dificulta aún más el poder caminar. Me voy haciendo uno con las serpientes. No lucho contra ellas, les hablo mentalmente, las voy entendiendo.

     Una a una, con el paso de los días, parecen entenderme también cuando las miro a los ojos. Se vuelven mis amigas, se desenroscan. La última, incluso, me traspasa con una mirada de dolor que no logro entender en ese momento. Aquí estoy, Orí, pero no te veo. ¿Orí? ¡ORÍ! Es en vano que grite. La roca sale de la nada y me embiste sin piedad.

    Se acabó la Primavera. Ya no estás aquí. Estás en otra dimensión rodeada de serpientes que no te dejan mover. Siempre estarás, únicamente dentro de mí, y yo dentro de ti. Ahora yo soy la Primavera. Ahora eres Nimah, y tendrás que buscarme... en vano.


"Nimah, en el bosque, llamó a Orí. Apareció un pajarraco. Era gris y volaba muy bajo. La hija pregunta: '¿Lo has visto?'. Él responde 'Lo veo dentro de ti".
'Sí', dice ella, 'pero yo busco un Orí que existe afuera'.
'Buscaremos juntos' decide el pajarraco.
Anduvieron y anduvieron. Al tiempo de labrar, ella dijo: '¡Te ha crecido una pluma dorada!'. Él: '¿Y a Orí dentro de ti?'. Ella: '¡Le ha crecido una pluma gris!'.
Anduvieron y anduvieron. Al tiempo de sembrar, ella dijo:
'¡Estás volando muy alto!'. Él: '¿Y tu Orí?'. Ella: '¡Vuela muy bajo!'.
Anduvieron y anduvieron. Al tiempo de cosechar, ella dijo:
'¡Tu plumaje es dorado!'. Él: '¿Y el de tu Orí?'. Ella: '¡Es gris!'.
Nimah agrega: 'Por fin existes afuera, Orí. Eres dorado y vuelas muy alto. Mas ya no te necesito. Amo a un pajarraco gris que vuela muy bajo'.
Orí pregunta: '¿Y dónde está?'.
La hija responde: '¡Dentro de mí!'. Alejandro Jodorowsky.



martes, 8 de abril de 2014

La mano perfecta (8 de Abril. 2014)

    Jugadores descuidados llenan la mesa de naipes, ponen extremidades en juego; cantan borrachos hasta el amanecer. Siempre sedientos, se dejan caer sobre jarras infinitas de peligrosos líquidos, y si están muy aburridos apuestan sus vidas felizmente.
        Disfrutan de la vida y se ríen a carcajadas de la muerte. Saben que, si mueren, les basta un simple gesto para estar de nuevo en pie, porque no es tan fácil matar completamente a algo que ya está, en esencia, muerto.

        Tengo la mano perfecta para hacerte creer que vas a ganar y quitarte del medio, de una vez por todas, en el último momento. Hoy, yo también soy un jugador descuidado, haciendo estallar las cartas contra la mesa, huyendo con torpeza de la realidad, pidiendo vaso tras vaso, cayendo peldaño tras peldaño, rasgando punto tras punto… ganando de mentira en mentira.

lunes, 7 de abril de 2014

Banquete (27 de Marzo. 2014)

“Hoy, fallecer es como comerse un sándwich. Mueren sin emitir una queja” Alejandro Jodorowsky.

         ¡Vengan todos! ¡Tenemos los mejores productos  que existen! ¡Usted no puede dejar de comprar nuestros deliciosos venenos, nuestros potentes ácidos destructores de diferentes colores y sabores, nuestros gusanos cancerígenos bañados en chocolate, nuestros adictivos polvos mágicos que dañarán tu cerebro y te harán más idiota, un banquete para bestia insaciable de nuestra sociedad!
        ¿Está enfermo? ¡Eso tampoco es un problema! ¡Déjese deleitar por nuestro cóctel de pastillas, jarabes, inyecciones y operaciones! Es evidente que las personas poderosas se preocupan muchísimo por garantizar la salud de todos.
        No trate de oponerse, pues nuestros agentes de paz se encargarán de asesinarlo a usted y a su familia. Limítese a ser feliz en el pequeño mundo perfecto que hemos creado para usted a cambio de todo su dinero y su calidad de vida.
        Y no olvide visitarnos cuando muera, para ofrecerle nuestras cálidas tumbas que le asegurarán una dulce estancia eterna en el cielo, compartiendo un vino con Dios y los ángeles. Evidentemente, hemos resuelto todos los problemas del mundo. Nuestro sistema es perfecto.

        Sólo no mueran tan rápido.

Dos faros claros (19 de Marzo. 2014)

“¡Oh, la hoja de acero se hace polvo y una brisa se la lleva convertida en una nube gris!” Alejandro Jodorowsky.

         Sucedió en un abrir y cerrar de ojos, mientras hacía mi acostumbrado paseo nocturno por los alrededores de la ciudad. Cuatro hombres con el rostro cubierto rodeaban una mujer, blandiendo dagas largas que emanaban una misteriosa aura rojo sangre. Planeo acercarme al lugar, ayudarle a riesgo de mi propia vida, pero una voz atraviesa mis huesos y se desliza suavemente hasta mis oídos, paralizándome en el acto:
-Escóndete y contempla. Juro que estaré bien.
        Confundido, obedezco rápidamente. Me dejo perder entre los árboles y quedo oculto en la oscuridad; pero sigo viendo lo que sucede. Es evidente que a los asesinos les tiembla el pulso para acabar con semejante belleza. Intentan despojarla de sus ropas y ella retira delicadamente las sucias manos de su cuerpo. Sus ojos parecían haberte convertido en dos faros claros. De inmediato, sentí que había estado perdido toda mi vida y que el camino se me mostraba finalmente.
        Quería ir a donde estaba, pero no podía desobedecerla, así que permanecí escondido. Uno de los hombres, con un esfuerzo que a mí me pareció sobrehumano, pareció reaccionar del embeleso y, sin perder un segundo, enterró limpiamente su daga en un costado de la mujer. Perdí el aliento, me puse de pie temblando de ira. Los iba a hacer comida para perros. Algo me detuvo.
        La mujer desenvainó una sonrisa que no pertenecía a este mundo, y el hombre cayó de rodillas. En su mano tenía lo que parecía una empuñadura sola, sin hoja. Los otros tres corrieron enloquecidos, pues del costado del hombre fluía el líquido rojo. Murió ahí mismo, en un colchón rojo.

        No sé cómo me quedé dormido, sólo sé que los rayos del sol se encargaron de interrumpir mi sueño. Allí, con sus suaves piernas sirviendo como una almohada para mí, estaba ella acariciando mis cabellos, con mi espada atada en la espalda. Y supe que no era el faro que guiaba mi camino; era el camino mismo. 

El exterminador (19 de Marzo. 2014)

"¡Ángeles de mierda! ¡Ojo por ojo; en el sueño ustedes me hacen reventar, en la vigilia yo los reviento! ¡Tengan! ¡Que sus cuerpos quizás fríos como el de los peces se traguen mis balas ardientes! ¿Qué? No caen… No se retuercen en la agonía… No hay agujeros humeantes en sus impermeables… ¡Pero si tienen el vientre lleno de plomo! Ni una herida, ni una gota de sangre, yo tenía razón: ustedes no vienen de ninguna parte, salen de mi mente, están hechos de sueño. Las balas reales no matan a las alucinaciones.
-Ni las balas falsas matan a los seres reales” Alejandro Jodorowsky.

         Como exterminador experto en todo tipo de seres sobrenaturales, he presenciado millones de veces, muchas bajo la sombra de mis propias manos, el tenue desvanecimiento de gran cantidad de espíritus, almas, ángeles, demonios y multitud de seres difíciles de catalogar.
        Muchos dejan una huella, una herida, un mordisco envenenado, una sonrisa honorable. Muchos caen en el anonimato, no logran ni acercarse, son simplemente un blanco fácil que olvido a los pocos minutos.
        Muchos renacen un par de veces más, sedientos de venganza. Una y otra vez, vuelven a desvanecerse.
        Algunos se quedan, te persiguen, renacen infinitamente y de una forma tan inmediata que resulta una pérdida de energía combatirlos. De esos algunos les voy a hablar hoy.
        Perseguir a la oscuridad es también formar parte de ella. Es una labor agobiante que muchas veces puede llegar a parecer inútil. Es vivir asediado por parásitos venenosos, pues es evidente que mientras más blanco sea algo, más fácil se mancha. Las entidades de gran potencia se combaten desde adentro, pues en su exterior están amuralladas de tal forma que resulta casi imposible hacerles daño. Es por eso que, para combatir la oscuridad, debes hacerte uno con ella, caminar por oscuros desiertos, dejarte consumir y renacer.
        Soy perseguido y atacado constantemente por ocho demonios, una sombra negra y un idiota que se esconde detrás de la sabia a imponente figura de un león para fingir ser bueno. Pero no importa cuánto me asfixien cobardemente mientras duermo; tampoco importa que aumenten el peso en mis hombros ni que me hieran de la peor forma posible, porque las sanguijuelas no son inmortales, y tarde o temprano desaparecen.

        Acércate un poco más, sin titubear tanto.

Corran (17 de Marzo. 2014)

“¡NO DESEO QUEMARLOS, SINO ENSEÑARLES A TENER MIEDO AL FUEGO!”Alejandro Jodorowsky.


         Corran. Desgarren los músculos de sus piernas, pierdan el aliento, vean borroso y corran, impulsados por pura desesperación. Esta noche, a la luna la partieron en dos y cae lentamente, sin luz, por el horizonte. El sol, ya casi apagado, no nos alumbra, pero llora fuego sobre nosotros. Dicen saber que están alucinando, pero chillan como ratas si las llamas los cubren y finalmente caen rostizados. 
         El sol será mi lanzallamas gigante. Teñiré de rojo, naranja y amarillo sus pasados, presentes y futuros… si es que tienen futuro. Los perseguiré una y otra vez, los atormentaré, desataré mi ira y me verán en todos lados. Ustedes mismos se quemarán por voluntad propia hasta que abran los ojos. Corran.

Gélidos barrotes (13 de Marzo. 2014)

“…yo, con los ojos abiertos, trato de escapar de la pesadilla…”Alejandro Jodorowsky.

         Afuera, día y noche, todo es un caos. Las paredes y ventanas de mi habitación amenazan con asumir un color plateado, con endurecerse y transformarse en gélidos barrotes, con no dejarme escapar. Ya no quiero encender el televisor, porque sé que entre colores vivos, deambularán personas muertas, fuego y destrucción. El mundo es amplio sólo para los de arriba; para nosotros, pobres de poder social, el mundo es un compartimiento húmedo y oscuro con olor a cuero desgastado.
        En la esquina, un señor muy formalmente vestido negocia, con una sonrisa más falsa que su felicidad, el precio de la mercancía. Para él, un par de monedas de oro es suficiente por cada persona. El vendedor quiere tres y se muestra reacio a regatear, pues ha trabajado gran parte de su vida con políticos y es inmune a sus elaboradas artimañas. El político termina accediendo: desordenadamente, saca su cartera y comienza a llenar bolsas con cientos de miles de monedas de oro, mientras el vendedor, en un diminuto bolsillo de su cartera, va metiendo cientos de miles de personas desorientadas que de inmediato ven al político como a su nuevo Dios.

        Se hace de noche y los gélidos barrotes me aprisionan las costillas y me impiden respirar. Sé que en cualquier momento vendrán por mí, pues soy uno de esos errores del sistema; una de esas personas que, por alguna extraña razón, no cabe en una cartera. Tendrán que correr más rápido que yo.

domingo, 6 de abril de 2014

Hablar (8 de Marzo. 2014)

“¡Pero precisamente de aquello que no se puede hablar / hay que hablar, / hundir la lengua en lo invisible convirtiendo las palabras / en espejo, / navegar en ellas sabiendo que con barcas sin tripulación, / sin otro interés que el enigma de qué o quién las transformó / en fantasmas (…)!” Alejandro Jodorowsky.

         Detenerse brevemente, tomar impulso y comenzar a vomitar palabras que vengan de los escondrijos de nuestro cuerpo. Decir lo que se supone que no se debe decir.
Que te deseo, por ejemplo.
Que se me hace agua la boca al imaginarte gemir, gritar… convulsionar de placer.
Que no creo en Dios, pero sí en iluminados y demonios.
Que no me importa casi nadie; que soy fácil de derrumbar, sólo que casi nadie conoce el proceso.
Que a veces no escribo por placer, sino para que mi incansable imaginación deje de atormentarme.
Que perdí la cuenta de las personas que he creído amar y de las que han creído amarme.
Que ahora sé a ciencia cierta lo que es el amor, y no me parece algo saludable.
        Que luchar contra la sociedad es ridículo, inútil y autodestructivo, pero que no puedo dejar de hacerlo.
        Que 59 disparos no matan a una idea, que 59 pastillas tampoco.

        Que te extraño.

Suicidio parsimonioso (8 de Marzo. 2014)

“…presas vestidas de cazadores que huían como huyen de la luz los animales nocturnos” Alejandro Jodorowsky.
         Jugaban a afilar sus dientes y practicaban con dedicación temibles rugidos que recordaban a demonios o a alguna otra criatura tenebrosa. Corrían por los pasillos del castillo esgrimiendo dagas de aspecto mortal y jurando que sus rostros exudaban furia y repartían miedo.
        Fingían que no se retorcían por las noches sollozando de puro pánico a los regalos inciertos de la oscuridad. Comían con las manos, bebían mucho alcohol y en sus pequeños rostros casi lograba ocultarse la indecisión.
        Fingían determinación, creían hacer el amor y sonreían saboreando una falsa felicidad.
        Cuando el guerrero cruzó la puerta con exagerada parsimonia, bostezando de sueño y aburrimiento, sólo unos pocos salieron a su encuentro. Todos, sin embargo, olvidaron sus temibles rugidos y su amenazadora mirada. Los que no estaban buscando una forma de escapar, aguardaban con pánico cualquier movimiento del guerrero.
        Bostezando nuevamente, él de dejó caer en la cama más cercana, puso su espada delicadamente en el piso y, acto seguido, cerró los ojos y se durmió inmediatamente, como si no hubiese visto a las pequeñas criaturas que habitaban el lugar.
        El verlo dormido no disminuía ni un poco el miedo de las bestias. Temblando, sólo tres se atrevieron a comenzar a acercarse, y el corazón se les aceleraba más con cada paso. Al cabo de un tiempo, finalmente los tres se encontraban al pie de la cama y decidieron asesinar al guerrero.

        Conteniendo la respiración, acercaban lentamente sus miserables dagas al cuello de aquella figura imponente que dormía despreocupadamente. Cuando las armas se acercaron más de lo debido, todo ocurrió tan rápido que nadie pudo entenderlo: Un sonido metálico despertó al guerrero justo a tiempo para que viera cómo su brazo, que ahora tenía su espada, trazaba un semicírculo en el aire y hacía saltar, en el camino, la cabeza de las tres bestias, que no notaron que habían muerto hasta que sus cabezas comenzaron a rodar estruendosamente por el ahora ensangrentado piso. Con cierta molestia y otro prolongado bostezo, el guerrero retomó su sueño, con la espada chorreando sangre en su mano.

Haciéndonos uno (5 de Marzo. 2014)

“En la penumbra de mi yo interior te acecha un tigre negro” Alejandro Jodorowsky.

         En campos desconocidos se pasean tomados de la mano. Se detienen a mitad de un puente y abajo un delicado río se desliza con elegancia. Se besan una y otra vez, la pequeña sensación de que está prohibido se esfuma rápidamente, pues todo está permitido en este territorio que crearon. Son arquitectos, son ingenieros, obreros, dioses… amantes, que engloba todo lo demás.
        Entran en un edificio abandonado y ella siente el deseo de él deambulando por los pasillos y las habitaciones. Se hace uno con las paredes, el techo, el suelo, las puertas, las ventanas… se hace uno con ella también.

        Hacen el amor despreocupadamente: todo está permitido en este territorio que crearon. Por una ventana, un amanecer hermoso calienta los techos de las diminutas casas. Por otra, la luna llena dibuja con un color gris el paisaje borroso. Ahí, al pie de la segunda ventana, aguarda un tigre negro que suele perseguirla cuando él debe partir. Monótonamente, él toma sus ropas y se retira, sintiendo el olor de ella en las paredes, el techo, el suelo, las puertas, las ventanas… haciéndose uno con él también.

El río (28 de Febrero. 2014)

“Siempre, la multitud de tu hermosura” Jorge Luis Borges.

         Murmullos y nada más se pasean por la grama del borroso campo visual, lo poco que puede abrirse paso en el espacio sobrante que deja el ensimismamiento.
        Pesadillas opacadas por sueños rotos que impregnan con sus pedazos las aguas estancadas de un río escarchado.
        Hace no mucho tiempo, bastaban unas gotas del mágico caudal para disipar toda herida, todo vestigio de pensamiento impuro. Ahora queda simplemente una reliquia atacada por el polvo y un ácido negro.
        Quince pasos forman la rutina de verse reflejado en la lámina opaca. Hoy doy uno más, y me zambullo en la gelidez, en el venenoso mundo paralelo que aprisiona mis oídos y me calla, y me ahorca… y enciende mis ojos en el fuego verde de tu omnipresente hermosura.
        Caen, uno a uno, los siete pilares que a duras penas se mantenían con vida bajo aquellas aguas. Mis pies descalzos hacen contacto con el fangoso fondo de tal inmensidad.

 Acostado boca arriba, con un sol ondulante y naranja que se oculta a lo lejos, saboreo los delicados restos de pureza que van llegando con el movimiento del líquido, y reconozco antes de perder el conocimiento que, lentamente, el estanque comienza a purificarse, a ser un río de nuevo.

La bailarina (20 de Febrero. 2014)

    
“El verdadero tema del escritor es ser fiel a sus fantasmas, liberándose de ellos al escribir” Jorge Luis Borges.

         La mano me tiembla sin control, pero no se me permite detenerme. Son las 3 de la madrugada, o bien puede ser de día: todo es confuso en esta habitación sin ventanas ni puertas. Intento ignorar las voces, aunque a veces dejo que me hablen con su corrosiva amabilidad y su extenuante dulzura. A fin de cuentas, no puedo escribir si no me permito que aparezcan regularmente.
        Se me cierran los ojos, cansados, así que me dejo vencer momentáneamente, víctima de la suave tentación. Pienso en una bailarina que se abre paso por entre los libros de la habitación con movimientos sensuales, que despiertan súbitamente un fuego misterioso. Los tambores, cuyo paradero desconozco, pues parecen estar en todas partes al mismo tiempo, no guían a la bailarina, sino que se adaptan a ella: es ella la que los controla y va acelerando paulatinamente, a medida que la danza se hace más agresiva y el dolor, la desesperación, se apoderan de mi cerebro.
        La bailarina es mi arma más poderosa, y quiero adorarla, desnudarla, dominarla totalmente; y eso hago… de su boca y de su sexo brota un néctar indescriptible, cuyo sabor me mantiene aferrado a ella. Estoy extasiado, deleitado, feliz.
        De pronto, los tambores dejan de sonar. Abro los ojos, no hay libros, no hay voces, no hay néctar ni bailarina. Hay puertas y ventanas en su lugar: el texto está terminado.

        Pronto nos veremos de nuevo.

Lobos negros (20 de Febrero. 2014)

“Se suponía que estuvieras aquí. Y no estoy hablando de tu omitida presencia” Carolina Londres.
         Los restos fríos de la pizza sucumben, víctimas de las moscas grises y una hormiga aventurera. La noche se vuelca sobre las ventanas como un lobo sobre su cena; como un gran maremoto de agua negra… o como un gran maremoto de lobos negros sobre mí.
        Monto en mi caballo, recuerdo que estoy encerrado, vuelvo a bajar mecánicamente. Hundo mis nudillos débilmente, sin fuerza, en las paredes.
        En la mano izquierda dejo que se aferre la décima copa. El vendedor me dijo que era sangría, pero sospecho que mentía: sabe a sangre.
        En la mano derecha, dejo que juegue una pequeña, ligera y extremadamente afilada daga de hueso. El vendedor me dijo que era de un león, pero sospecho que mentía: parece sacada de una de mis costillas.
        Miro el reloj por enésima vez en los últimos quince minutos. Es evidente que no vas a venir. No percibo ni tu olor. No consigo ni uno de tus cabellos. Todo comienza a dar vueltas, así que opto por cerrar los ojos. Nítidas y quebradizas, llegan tus facciones y tu silueta. Abro los ojos, miro el reloj… es evidente que no vas a venir.

        Hundo mis nudillos en las paredes y las deformo a mi antojo. Hundo la daga de hueso en el gran maremoto de lobos negros que se cierne sobre mí. Al amanecer, me hubieses podido encontrar llorando, vomitando, una a una, las diez copas de sangre para alimentar a los lobos negros. Pero… es evidente que no vas a venir.

Vaivén (10 de Febrero. 2014)

      
         “Falsedad del adiós. Hay adioses relativos y adioses absolutos. Los relativos son irrelevantes, los absolutos; insostenibles” Carolina Londres.

         Vas y vienes, tentativamente; dejas huella, desapareces, compones una canción. He aprendido, por tus irremediables e interminables partidas relativas, a no esperarte; a no creer en tus adioses.
        Comprendí que si vas o vienes es casi lo mismo, porque quedan retumbando interminablemente, rebotando, los ecos de tus canciones, de tus gritos, de tus gemidos…
        Mi nariz hizo de hacha y tu olor de tatuaje, y no hablo de tu volátil perfume barato, sino de tu esencia, mi inspiración.
        El pronóstico de hoy es una lluvia cálida y con un dejo de dulzura, y no habrá hecho que impida que, cuando caiga la noche, yo esté empapado.

        Vas y vienes, tentativamente, y lo que creía insostenible, hoy se hace, a mis pies, irrelevante.

Quiero (6 de Febrero. 2014)

“No me mires, no me escuches, ni siquiera me prestes atención. Sólo abre tu alma; y siénteme” Carolina Londres.

            Quema, uno a uno, todos mis poemas, y allí estaré de todas formas. De las cenizas, como el ave mitológica, verás mi renacimiento abrazándote. Hoy, mientras me lees, no quiero que me leas.

   Quiero que me tildes de invasor momentáneamente, quiero que me dejes fluir, etéreo y desde todos tus confines.
            Quiero que me dejes adentrarme en los rincones más oscuros y habitar ahí para que sólo tú puedas conseguirme.
            Quiero que me sientas cuando se te erice la piel, y sepas, con total seguridad, que yo te siento, que yo te vivo, que yo te respiro… que te quiero.

Fui a tu encuentro (6 de Febrero. 2014)


“Mientras subo a encontrarte en la terraza, siento la fragancia de tus cabellos en el ascensor” Alejandro Jodorowsky.

            Tiempo de espera injustificados que acortan de a ratos la majestuosidad del momento. Runas de origen antiguo que descartan sin previo aviso la posibilidad, antes presente, de una elaborada bifurcación.

            Por el pasillo se asomaban, tenues, miradas brillantes en aquella oscuridad. Lentamente, cerré los ojos, pulsé el botón y, guiado por tu olor, fui a tu encuentro.

La Jaula (4 de Febrero. 2014)

            “Puede ser que sin vos diga tu nombre, cierto, puede ocurrir que alcance sin manos tu cintura” Cortázar.
            Puede que me arranquen los ojos y, a partir de ese momento, seas lo único que pueda ver. Un fulgor grisáceo se adueñó de la palidez verde de los jardines poblados. Un instante después, todo se tiñó de un rojo reluciente  y pude, sin lugar a dudas, alcanzarte a ti y a tu desnudez, adornada con tus cabellos largos desparramados por toda la suavidad de tu piel, sin ni siquiera moverme. Fue entonces cuando mis rodillas se doblaron para recibir la jaula de la cual, tiempo después, no iba a querer salir, incluso con las puertas abiertas. Sediento, adicto y somnoliento, iba gateando por el jardín, alucinando con colores y un sinnúmero de figuras que representaban las sonrisas que te robé.

Acostado sí, pero nunca de rodillas (2 de Febrero. 2014)

“Si aceptas tus sentimientos, por oscuros que sean, multitud de cantos invadirán tu pecho” Alejandro Jodorowsky.
            ¿Correr por un laberinto lleno de tabernas con chimeneas chispeantes y mazmorras en cuyos ventanales se aprecia el gélido vaho de los espíritus? ¿Nadar desesperadamente entre los desgastados corales y los tiburones sedientos de sangre? ¿Cavar un abismo y dejarme caer arriesgadamente, apartándome del perpetuo sonido de la misma canción que se repite una y otra vez con tu voz y tu sombra? ¿Arrodillarme para esperar el veredicto, para esperar que los que se creen superiores a mí tomen las decisiones que se supone que debemos tomar nosotros?
            De ninguna manera. Prefiero acostarme, desnudo, pero vestido contigo. Acostarnos, para que los obstáculos nos pasen por encima. Cubrirnos con una delicada cobija que confunda a los doce fantasmas que nos persiguen… diez, dentro de poco. Respira pausadamente y aquí nadie podrá encontrarnos.