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domingo, 27 de julio de 2014

Como el infierno (27 de Julio. 2014)‏

"Máscaras, agonías, resurrecciones, destejerán y tejerán mi suerte" Jorge Luis Borges .

Era bonita, como el infierno.

Hipnotizante y peligrosa, como sus llamas y su incesante movimiento.

Seductora y exageradamente sensual, como creada para enloquecer(me), como las demonios que caminan desnudas con sus senos absurdamente redondos y su sonrisa mortal.

Tan sublime y peligrosa como el tridente de humo que se me clavó en un costado.

Era maravillosa, porque es maravilloso cuando te encuentras un amanecer en una sonrisa y las olas del mar en el borde de unos labios.

Y se me fueron todas las letras a hacerse el amor, a reproducirse y hacer una palabra, llenar una hoja, hacer un libro, todo en una armoniosa orgía.

Y fui a entregártelo y tú me tomaste por el cuello y me hiciste tu juguete. Me usaste como quisiste y aprovechaste mi placentera colaboración, mi falta de resistencia. Fui alimento luminoso, servicial esfera moldeada con alma y piel, con sangre y sudor.

Y busco sin cesar alguien que lo intente, pero nadie se atreve.

¿Dónde está el infeliz que intentará matarte, para que así yo pueda ser el héroe?

¿Dónde está la otra parte del infierno, la espada que intentará degollarte, para que así yo acuda justo a tiempo y triunfe moribundo, y tú sepas lo que es amar?

Abrázame, avariciosa amante astuta... aparece, acechando acogedoramente almas... aliméntate, ardor amplificado, ambicioso amor.

Era bonita... juro que era bonita... como el infierno.

Con las palmas de mis manos (21 de Julio. 2014)

"Yo tan sólo sé, que el poema perece, lo inmortal es la poesía" Miguel Ángel Nieves - Octanos.

¿En qué momento me quedé viendo tanto rato las aspas del ventilador que aprendí de ellas?

¿En qué momento me convertí en alguien que da vueltas incansablemente, con gran rapidez, y siempre está, irremediablemente, en el mismo sitio?

¿En qué momento comencé a darle fuerzas al aire que respiran los otros y olvidé que no puedo pasar mucho tiempo conteniendo la respiración, que mis pulmones están cansados?

Son dudas cuya respuesta no vale la pena buscar ya.

Ya llegó la niña, con la curiosidad resplandenciéndole en los ojos, y es probable que se haya hecho daño, o no sé si llora por otra cosa, pero con un pequeño dedo con el que me señaló y luego quiso tocarme, me frenó en seco y me arrojó en la cara una lluvia de "reacciona" que se coló por todas las grietas que venía escondiendo (o en las que me venía escondiendo) con tanta determinación.

Y diría que te conozco como a la palma de mi mano, pero mentiría. No sé cuántos lunares hay en la palma de mi mano, ni cómo le gusta que le acaricien. Tampoco sé cuándo está feliz o cuándo está triste, si se siente incómoda, si tiene frío o si quiere un beso.

Te entrego esta docena de soldados moribundos, de soldados que pronto perecerán. Los sostengo con las misteriosas y desconocidas palmas de mis manos y van saltando uno a uno a las tuyas.

Espero que siempre puedas adivinar lo que voy a decir antes de que despegue los labios. Así me ahorro las palabras y las convierto en ágiles renacuajos que terminan fecundando las misteriosas y desconocidas palmas de mis manos, que paren a duras penas estos soldados moribundos con un toque de inmortalidad en la frente.

martes, 15 de julio de 2014

Abandonismo y Estancamiento (15 de Julio. 2014)‏

"Convocaré a los fantasmas del recuerdo / para que acaricien mis manos huesudas" Miguel Ángel Nieves - Octanos.

Comienza a llover y la luz de un trueno hace que te descubra en la misma esquina donde te dejé una vez. No te has ido ni se ha ido la retorcida tentación que representas.

¿Por qué sigues aquí, dulce asesina, si conoces mil maneras de matarme y todas las has empleado? ¿Por qué no te largas? ¿No lo ves? Si lloras me muero y si sonríes también. Pregunta estúpida... claro que lo ves, por eso te quedas.

Es curiosa la forma en la que mezclas el abandonismo con el estancamiento, como yendo y viniendo, pero sin moverte. Como dejándome solo, pero quedándote a un lado de la cama, con un brazo intencionalmente puesto sobre la almohada, para abrazarme apenas me acueste.

Y no vengo a cantarte, porque no sé cantar. Tampoco vengo a escribirte, porque no sé escribir. Vengo simplemente a amarte, que es como cantarte y escribirte al mismo tiempo; porque las dos cosas al mismo tiempo sí las sé hacer.

Nubes (11 de Julio. 2014)‏

"Siempre el presente será la agonía..." Miguel Ángel Nieves - Octanos.

Tarareando el futuro, me encontré con una sombra que parecía salir de la nada. Luego, claro, recordé la estatua que te hice y que solía estar en ese lugar.

Nuestro sol se acostumbró tanto a hacerle sombra a la estatua, que aunque la quemé hace meses y arrojé los restos al peor basurero que encontré, la sombra se mantiene, inclemente, día a día.

He aprendido que me sentiré feliz sólo cuando sea de noche y las nubes cubran la luna. De resto, la sombra estará ahí, como una mancha aterradora, en el lugar exacto.

Quise cerrar los ojos, pero la sombra entraba en mi mente, la seguía viendo.

Quise dormir, pero la sombra aparecía en mis sueños.

Quise correr, pero la sombra imitaba mi velocidad, siempre.

Quise hacer el amor, pero la sombra se posaba en el cuerpo de cada mujer que penetraba.

Sólo me queda escribir, con la sombra acurrucada en mi mano, y esperar que las nubes cubran la luna esta noche.

Culpable (9 de Julio. 2014)‏

"No soy dueño ni de mis miserias / y si hago himnos de ellas / es para colmarlas de vida / en esta incertidumbre hecha camino" Miguel Ángel Nieves - Octanos.

Y he de admitir que cada noche te encadenaba torpemente a mi ventana, que impedía que salieras a dar un vuelo nocturno.
Y he de admitir que te amarraba los pies descalzos, juntos, hermosos, pálidos... para que no corrieras, para detenerte en ese instante y hacerlo eterno.

He de admitir, también, que por amor te enterraba muchas veces un puñal por la espalda y luego te cantaba con dulzura hasta que te dormías, ensangrentada, en mis brazos.

He de alegar, en mi defensa, que si no te encadenaba, te mataba un águila con los ojos rojos, se comía tus alas. Y yo no quería eso, porque camino muerto desde que te moriste.

He de alegar, en mi defensa, que si no te amarraba los pies, salías corriendo a jugar descalza al jardín y los escorpiones te envenenaban hasta que el veneno acabara contigo. Y yo no quería eso, porque todo me sabe a veneno desde que te envenenaron.

También he de alegar, en mi defensa, que cuando sanaban las puñaladas traicioneras que te daba, cuando cerraba la herida y se caía la costra, ahí nacía hierro en vez de piel. Y moriste igual, porque no completé tu armadura. Fue mi culpa.

Aprendí a usar el arco para matar al águila de ojos rojos, y hasta incendié el jardín para acabar con todos los alacranes. ¿De qué me sirvió, si ahora estoy encadenado torpemente a mi ventana, como si tuviera alas? ¿De qué me sirvió, si ahora tengo los pies descalzos, juntos, sucios, heridos, amarrados, como si pudiese salir corriendo? ¿De qué me sirvió, si ahí donde me clavan el puñal, mi piel se muere para siempre? ¿De qué me sirvió, si ya te fuiste?